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Los restaurantes de la Marina Alta y Baixa a los que siempre querrás volver

Hay lugares a los que una vuelve únicamente por la comida. Y luego están esos otros sitios donde todo encaja: el ambiente, las vistas, la sensación de verano eterno, el sonido del mar y esa sobremesa que termina alargándose muchísimo más de lo previsto.

Eso es exactamente lo que ocurre en muchos restaurantes de la Marina Alta y la Marina Baixa. Y sinceramente, creo que es una de las zonas más especiales de toda la costa mediterránea para disfrutar de la gastronomía.

Entre Jávea, Moraira, Benissa, Gata de Gorgos o Altea encontramos restaurantes completamente diferentes entre sí, pero con algo en común: consiguen que quieras volver.

Uno de esos sitios es Tío Ennio Grill Coffee Bar, en Altea. El propio pueblo ya invita a ir sin prisas. Pasear por sus calles blancas, bajar hacia la zona del mar y terminar sentado en una terraza tranquila forma parte del plan. Pero si hay algo que realmente merece la pena aquí es su famosa milanesa. Enorme, crujiente y con muchísimo sabor. De esas que llegan a la mesa y automáticamente piensas que has acertado con el sitio. El ambiente además tiene ese aire moderno y relajado que hace que apetezca quedarse allí mucho más tiempo del previsto.

Restaurante Tío Ennio - Altea
Restaurante Tío Ennio - Altea

Muy diferente, aunque igualmente especial, es Algas l'Andragó. Posiblemente uno de los sitios más bonitos para tomar unas tapas frente al mar. Literalmente frente al mar. Hay restaurantes donde las vistas acompañan y luego están los que parecen integrados en el Mediterráneo. Y este es uno de ellos. Aquí lo mejor es simplemente dejarse llevar: pedir varias tapas para compartir, una copa fría y disfrutar del sonido de las olas mientras cae la tarde. El atardecer desde esta zona de Benissa tiene algo realmente espectacular.

Restaurante Algas - Cala L'Andragó
Restaurante Algas - Cala L'Andragó

Si hablamos de arroces y paellas, entonces es imposible no mencionar El Chamizo. Moraira tiene muchísimos restaurantes con encanto, pero El Chamizo sigue siendo uno de esos clásicos que nunca decepcionan. Comer una paella frente al mar aquí es prácticamente un ritual mediterráneo. Producto fresco, sabor intenso y ese punto tradicional que hace que realmente sepan a costa valenciana. Además, tiene ese ambiente elegante pero relajado que encaja perfectamente con la esencia de Moraira.

En un registro completamente distinto aparece Arrels Racó Gastronómic. Aquí la experiencia gira mucho más alrededor de la cocina creativa y del producto trabajado con muchísimo detalle. Es uno de esos restaurantes donde se nota que cada plato está pensado cuidadosamente. Y sinceramente, el menú degustación merece muchísimo la pena. Más que una comida, termina convirtiéndose en una experiencia gastronómica completa. Ideal para una ocasión especial o simplemente para disfrutar de algo diferente en plena Marina Alta.

Restaurante Arrels - Gata de Gorgos
Restaurante Arrels - Gata de Gorgos

Jávea, por supuesto, concentra algunos de los restaurantes más impresionantes de toda la zona. Uno de ellos es Restaurante Mirador de Jávea, donde las vistas son prácticamente protagonistas de la experiencia. Comer contemplando el Mediterráneo desde las alturas ya sería suficiente motivo para ir, pero además las paellas son realmente espectaculares. Y aunque parezca un detalle pequeño, su ajoaceite casero merece una mención aparte. De esos que empiezas probando “solo un poco” y terminas utilizando absolutamente con todo.

También en Jávea encontramos Restaurante Posidonia, un sitio con un ambiente elegante y muy mediterráneo donde destaca especialmente su famosa paella de foie. Puede sonar diferente, incluso arriesgada, pero precisamente ahí está parte de su encanto. Es intensa, original y muchísimo más equilibrada de lo que parece. Todo el restaurante transmite calma, luz y esa sensación de comida larga frente al mar que tan bien define el verano mediterráneo.

Restaurante Posidonia - Jávea
Restaurante Posidonia - Jávea

Y si hay un sitio donde el ambiente lo es absolutamente todo, ese es Cala Clémence del Portichol. Probablemente uno de los lugares más fotografiados de Jávea, aunque sinceramente las imágenes no terminan de transmitir lo bien que se está allí. Música relajada, decoración boho mediterránea, cocktails, iluminación cuidada y una ubicación privilegiada junto al Portichol. Es el típico sitio donde vas pensando en tomar algo rápido y acabas quedándote toda la tarde viendo caer el sol.

La Marina Alta y la Marina Baixa tienen muchísimos restaurantes increíbles, pero estos lugares consiguen algo que no siempre es fácil: hacer que la experiencia vaya mucho más allá de la comida. Porque al final, muchas veces lo que realmente recordamos no es únicamente un plato concreto, sino la conversación, el paisaje, el mar de fondo y esa sensación de felicidad tranquila que solo ciertos lugares consiguen transmitir.

Los verdes magníficos


¡Buenas!

¿Ya estáis con el "mode ON" para la operación bikini? En la entrada de hoy, huyendo de tópicos y leyendas urbanas, os quiero introducir unos cuantos alimentos que tienen innumerables beneficios y propiedades para sentirnos mejor y, cómo no, mejorar nuestra salud. 

De eso se trata, de salud. En mi opinión no tiene sentido matarte haciendo ejercicio y/o seguir dietas extremas para aparentar algo que en uno o dos meses se va a esfumar. Hay que tener altura de miras, saber el objetivo que quieres alcanzar, trabajar TODOS los días en ello sin morir en el intento y, sobre todo, mantener lo máximo posible esos resultados a lo largo del tiempo. La fórmula es sencilla:

1. Intentar consumir alimentos no procesados, me refiero a que sean lo más frescos posible

2. Moverte aunque sea treinta minutos al día, con andar basta

3. Variar la dieta

4. La hidratación es fundamental. A mi criterio lo mejor es beber agua, aunque los zumos de frutas e infusiones también son buenos aliados.

Con estos pequeños puntos y una férrea fuerza de voluntad, sin agobiarse y llevándolo con tranquilidad y naturalidad... ¡Voila!  En unas semanas lo notarás tú y también la gente de tu entorno.

Y ahora os comento los VERDES MAGNÍFICOS de los que trata la entrada de hoy. Son unos alimentos que añadiéndolos a la alimentación cotidiana nos van a proporcionar una serie de vitaminas, antioxidantes, minerales, etc. En definitiva una serie de complementos alimenticios consumidos de una forma natural sin recurrir a fármacos.

En primer lugar tenemos el aguacate. Como todos sabemos tiene un alto porcentaje de ácidos grasos saludables. Hace algún tiempo ya redacté una entrada sobre las propiedades de este alimento.
Los verdes magníficos - AGUACATE
Otro verde magnífico es un alga muy conocida en la cultura culinaria japonesa: alga wakame. Las propiedades más significativas de este vegetal es el aporte de sales minerales y el fortalecimiento del sistema inmunológico. Podéis conocer más de este alga aquí.
Los verdes magníficos -  ALGA WAKAME
Otro alimento muy beneficioso para la salud es el brécol. En Reino Unido su consumo es muy usual, sin embargo en España solemos consumir coliflor en lugar de brécol. Entre sus propiedades más destacadas tenemos su alto contenido en fibra, magnesio, vitaminas A y C, ácido fólico y elementos anticancerígenos denominados glucosinolatos.
Los verdes magníficos - BRÉCOL
Las espinacas son otro vegetal a tener en cuenta, en mi caso es el mejor. No sé por qué pero me encantan, Cuando me llevaba la comida a la universidad, mis compañeros se reían porque siempre me llevaba espinacas: ensalada de espinacas, tortilla de espinacas, filetes con espinacas de guarnición, etc. Además hoy están a la orden del día por la proliferación de los batidos verdes (green smoothies), pues para conseguir el color verde se suelen emplear las espinacas. Entre los beneficios que aporta a la salud tenemos su alto contenido en vitaminas A y C, ácido fólico, magnesio y hierro. Se suele recurrir a ella cuando padecemos anemia o cuando sufrimos afecciones de la retina.
Los verdes magníficos - ESPINACAS
Una fruta verde y magnífica es el kiwi. Existen dos variedades, pero nos vamos a centrar en el kiwi típico, el verde. Esta fruta ácida se suele incluir en las dietas hipocalóricas por su alto contenido en vitaminas C y E, y en fibra, debido a su bajo contenido en calorías. También es muy socorrida en problemas de estreñimiento.
Los verdes magníficos - KIWI
Otra fruta verde es la lima, de la cual conocemos poco ya que empleamos el limón. Lima o limón tienen propiedades fundamentales para cuidar nuestro organismo. Mucha gente aliña la ensalada con limón en lugar de vinagre o también se toma un vaso de agua en ayunas con el zumo de medio limón. Mi abuela hace esto último y le va súper bien (como anécdota os diré que tiene 95 años). Entre sus múltiples características tenemos que limpia y purifica los riñones, la sangre y el hígado. También proporciona una alta cantidad de vitamina C convitiéndolo en un buen aliado del sistema inmunológico. Alivia la acidez de estómago y alcaliniza el organismo.
Los verdes magníficos - LIMA
Un componente prácticamente omnipresente en todas las salsas es el perejil. Hay que consumirlo fresco para aprovechar mejor sus propiedades. Entre sus puntos fuertes destaca su poder diurético, debido a su contenido en apiol. También es muy recomendable en casos de anemia por su alto contenido en vitamina C, por facilitar la absorción del hierro. Y entre otros contiene vitaminas A y C, ácido fólico, potasio, hierro y magnesio.
Los verdes magníficos - PEREJIL
Para concluir tenemos un fruto seco prácticamente desconocido y muy generoso en beneficios para la salud, hablamos de los pistachos. Este alimento contiene altas dosis de potasio, fósforo y magnesio, tiene un gran efecto diurético y es una fuente de hierro de origen vegetal. Entre otros, contiene trazas importantes de cobre, zinc, selenio y manganeso. Por estas y muchas otras propiedades, los pistachos son un alimento idóneo para deportistas o para prevenir enfermedades cardiovasculares o luchar contra el envejecimiento.
Los verdes magníficos - PISTACHOS
Todos estos productos son fáciles de conseguir. Podemos comprarlos en supermercados, fruterías y en el caso del alga wakame podemos conseguirla en herbolarios.

Eat in Paris II (updated)


¡Buenas!

Ya estoy de vuelta de la ciudad de la luz y vengo con nuevas propuestas para comer en París. Así que no me enrollo más y os cuento:

1. Para merendar, Creperie Framboise está muy bien. Yo fui a la que está cerca del museo del Louvre. Tiene dos alturas y, aparte de céntrica, tiene unos crepes deliciosos. Yo me comí uno con mermelada de frambuesa y bebimos sidra ecológica, por probar. Está buena, pero no le encuentro ninguna diferencia en cuanto a sabor compararándola con la sidra normal.
Creperie Framboise

 2. Para comer repetí en el restaurante Higuma, pero esta vez fui al del boulevard des italiens. En esta ocasión pudimos ver a los cocineros en acción. No tengo nada nuevo que añadir a la reseña que escribí en 2014. Sólo puedo decir que está muy bien en cuanto a la relación calidad/precio. Esta vez probé la cerveza japonesa Asahi, y escogí el menú Yakinikudon Set. En él entraba una ensalada individual, un cuenco con sopa de miso y un cuenco súper grande con Yakinikudon, o lo que es lo mismo: arroz con ternera en salsa y jengibre.
Higuma Restaurante

3. Si eres brunch adict@ presta atención, que esto te interesa. En un principio íbamos a hacer el brunch en otro local, en Le Mondial, pero llegamos muy justos de tiempo y sin reserva previa. ¿Qué pasó? Que tuvimos que cambiar de idea, y por suerte encontramos este restaurante llamado La Quincaillerie. ¿Qué os puedo decir? Me encantó. Para empezar: la decoración. La ambientación rústica con madera y acero, los objetos vintage y la música indie pop de fondo me conquistaron. Y para seguir: la comida. Había buffet libre y un plato a elegir dentro de la fórmula brunch del domingo. Salimos rodando, y todo buenísimo. 
La Quincaillerie

La Quincaillerie

La Quincaillerie
 4. Para cenar, otro restaurante japonés: Quick Sushi. Si, me encanta el sushi ¿se nota? En esta ocasión me llevaron a un restaurante ubicado en el CC La Vache Noire. Lo que me hizo mucha gracia fue la cadena con los platos, como era buffet no nos cortamos nada en coger platos y más platos. Había una gran variedad de sushi y además pudimos pedir brochetas de salmón a la plancha, gambas, etc. Estaba todo muy bueno, pero es que a mi me gusta el sushi, así que es difícil no acertar.
Quick Sushi

5. Para tomar un café en una localización privilegiada, nada mejor que el Starbucks de Opera. No tiene nada especial a cualquier otro Starbucks excepto la arquitectura del edificio. Es una pasada, muy acorde a los edificios de esa zona. Lo único que no me gustó mucho es que está a tope de gente. Estás tomándote un café y de repente ves personas a tu alrededor esperando a que alguien se levante para ir corriendo a coger sitio. En plan buitre leonado acechando a la presa, tal cual.

6. Y el broche de oro, del cual no tengo fotos, es una crepería situada en la zona de Montparnasse que me encantó. Se llama Creperie de Josselin, y la recomiendo totalmente. Fuimos a cenar, también un poco tarde, y creíamos que no íbamos a tener sitio. Pues al final, en cinco minutos nos pusieron una mesa. Los camareros fueron súper simpáticos y muy atentos, incluso hicieron el amago de hablar en inglés. Volviendo al tema culinario, los crepes estaban de muerte. No exagero, estaban riquísimos. Y nos los sirvieron en menos de diez minutos. Para beber pedimos sidra "strong" y de postre un crepe de limón y azúcar para compartir. La cena nos salió por 33€ los dos. En Valencia no he visto una crepería de este estilo (comida, ubicación, decoración, atención de los camareros, etc.) que cueste la cena menos de 18€ por cabeza. Me impresionó, por la calidad de la comida, la atención y sobre todo el bajo coste. Se me olvidaba comentar la decoración de estilo típico de la bretaña francesa, con muebles de madera oscura, platos de porcelana pintados a mano, vidrieras e incluso un reloj de pie. Todo muy pintoresco, parecía que no estábamos en París, sino en un pueblecito. Y para terminar os voy a contar la anécdota de esa noche. Resulta que en este restaurante no aceptan tarjeta de crédito y nosotros no lo sabíamos. Pues al terminar de cenar le contamos al camarero que necesitábamos ir a un cajero a sacar dinero, y nos dijo que no había ningún problema. Pues salimos, sacamos dinero de un cajero y cuando entramos de nuevo habían 3 o 4 camareros mirándonos en plan "han vuelto". Por lo visto habían hecho apuestas de si volvíamos a pagar o no. Fue un poco surrealista y al final no nos cobraron 33€ sino 30€. Solo puedo decir que volveré, pero llevaremos dinero en efectivo por si las moscas.